PERFILES: Una apuesta por la investigación- acción

May 18, 2017

 

“Si como académico me limito a describir o interpretar ese mundo, pues cuándo ese mundo va a cambiar, cuándo llegará la persona que sí es su trabajo cambiar ese mundo…”

 

 

Entrevista con Carolina Rosas Heimpel

 

 

Carolina Rosas Heimpel cuenta con una Maestría en Planificación y Desarrollo Urbano por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, con especialidad en análisis geoespacial para el ordenamiento territorial; estudió también la Licenciatura en Artes Visuales y una Ingeniería en Sistemas Computacionales en la UACJ. Actualmente es docente a nivel licenciatura en las materias de “técnicas de investigación documental”, “temas selectos de investigación en arquitectura” e “historia del arte”, en la UACJ.

Desde el 2011, Carolina apoya la logística de las actividades que se realizan cada domingo en el Bazar del Monumento, en donde ha coordinado proyectos de reforestación, grafitería, ludoteca, y la publicación del libro: “El Monu. Paseo por las memorias de un parque”. Conversamos sobre este proyecto y sus expectativas como docente de la UACJ.    

 

    Me gustaría empezar por que nos contaras sobre el proyecto del Monu: “Patrimonio Cultural y Memoria Colectiva del parque del Monumento a Benito Juárez”

     Ese fue el último proyecto que desarrollamos en el Monu, ya tenemos varios años, yo desde el 2011 me incorpore al colectivo. De repente nos empezamos a preguntar cuál ha sido la historia del parque, porque incluso nosotros mismos que estábamos ahí no sabíamos quién era Benito Juárez, empezamos a preguntarle a la gente y recibíamos respuestas que dan risa pero también asustaban, por ejemplo, me acuerdo mucho de una persona que nos dijo: “yo sé que fue un presidente pero no me acuerdo de dónde”; los niños eran los que se acercaban más y nos decían que fue alguien que luchó, no tenían idea de por qué luchó, pero lo tenían un poquito más fresco; entonces a partir de ahí y de que empezamos a ver fotos y de ver cómo se ha ido transformando el parque, el parque era un área verde no como ahora que es una plancha de cemento. Hay una postal que a mí me gusta mucho, que está en el libro, no sabemos de qué fecha es pero creemos que es de antes de los sesentas, se ve como las fotos del parque central de Nueva York, se ve verde como un bosque y quienes estuvieron en esas épocas lo que nos dicen es que lo recuerdan como un bosque, que tu volteabas hacia arriba y solamente veías árboles y escuchabas aves, entonces decidimos empezar a hacer la historia del lugar a partir de lo que la gente contaba y a partir de las fotografías que ellos tenían en su álbumes familiares. No nos interesaba tanto la historia oficial de cuándo fue fundado el parque sino más bien la historia desde los recuerdos; entonces empezamos a pedirle a la gente que abriera sus álbumes de fotografía, que sacara las fotos que se habían tomado en el monumento y que nos contara una breve anécdota; toda esa recopilación fue la que convertimos en el libro que titulamos: “El Monu. Paseo por las memorias de un parque”, creíamos que sí era necesaria la historia principal y le dijimos a un amigo que le gusta mucho esa parte de la historia, Fong, y él cuenta en las páginas iniciales del libro: quién fue Benito Juárez, por qué luchó, cómo es que el monumento refleja los pasajes, porque el monumento tiene cuatro bajos relieves que cuentan pasajes de la historia de Benito Juárez, tiene cuatro estatuas que reflejan los valores del  gobierno de Juárez. Toda la demás parte del libro son imágenes y anécdotas, están estas pláticas que la gente te dice que era como un bosque, te cuentan de las fuentes: tenía cuatro fuentes, una en cada esquina. Investigando también, lo que cuentan es que el monumento está lleno de símbolos masones y entonces estos cuatro círculos que estaban en cada esquina se unían mediante paseos al círculo central del monumento que está sobre una base circular, y entonces para los masones significa la unión del universo; y el monumento tiene trece escalones que también tienen significados masónicos; ahorita no lo recuerdo pero cada uno es una letra de una oración que hacen los masones, que son muy cerrados, y entonces batallamos para tener esa información y la tenemos muy breve. La gente no tiene idea de lo que simbolizan estas fuentes pero te cuentan cómo se congelaban en invierno y entonces cuando eran niños y vivían en el barrio, ahí iban y patinaban; hay mucha gente que también lo considera un espacio de romance, salían con el novio o la novia y ahí iban a comer elotes, a pasear, agarrarse de la mano... Eso se convirtió en el libro que lo dividimos en ocho partes, la primera es la parte histórica; luego la parte de cómo se ha ido transformando, qué fue lo que pasó en el parque para que de ser como un bosque se haya convertido en una plancha de cemento; año tras año vemos cómo van cayendo los árboles y nadie hacemos nada. Y la parte final, le dedicamos un pequeño apartado al Bazar del Monu, que es un proyecto que el fin de semana pasado cumplió 19 años, el primer año que empezaron fue un domingo 10 de mayo de 1998.

 

 

     Muy oportuno, que están cumpliendo 19 años. Y qué más me cuentas sobre el proyecto del Monu?

     El Monu es un espacio en el que se compra, vende y se intercambian artículos culturales, arte, música, libros, artesanías, manualidades, todo lo que uno haga con sus propias manos, y muchas antigüedades. A veces la gente no conoce el espacio y piensa que son unas segundas, pero luego ya cuando pasea por el parque se da cuenta que no son las típicas segundas; en la ciudad tenemos más de 300 mercados de segundas, que ya sabemos, de toda la cultura del deshecho, toda la basura que llega de Estados Unidos; y en el Monumento tratamos que no sea esa parte del deshecho sino que sea lo que decía, artículos culturales. Somos varios en la logística, lo que intentamos es que sea un proyecto que funcione por sí sólo; a veces somos tres, cinco, diez, no somos siempre los mismos, pero yo creo que sí se ha logrado que funcione por sí mismo. Lo que se necesita de logística es que cuando llega un nuevo vendedor, siempre te preguntan cuánto se cobra, porque también en las segundas es todo un negocio el cobrar los espacios. Nosotros lo que decimos es que es un espacio público, no se cobra, sólo te pedimos que cumplas con los requisitos de bazar cultural: no vendas piratería, no vendas segundas, nada de fayuca; y eso siempre es problemático con toda esta cultura que tenemos en Ciudad Juárez, luego no sabemos distinguir entre una antigüedad y un artículo viejo; luego hay personas que llevan tarros y ellos los decoran, como un grabado sobre el vidrio, entonces eres un artesano, un artista; y luego llega una señora con los vasos del mole y los quiere vender, así que tenemos que explicarle... Eso es lo más difícil pero todo lo demás fluye solo porque luego ya la gente se da cuenta que la compra, la venta y el intercambio de artículos es un pretexto para estar en el parque, para convivir, para platicar con los amigos, para fomentar otra forma de hacer las cosas. Entonces la gente va y hacen toquines, los músicos locales tienen un espacio. Estamos bien contentos porque este fin de semana estuvo una banda de Jazz, que hace unas semanas se hicieron virales en las redes sociales, son unos chavitos de secundaria que tocan Jazz, tienen quince años, están en la secundaria Altavista y ¡tocan muy bonito! Este domingo tuvimos el Monu Fest, que es un festival anual y lo que tratamos de hacer es fomentar el talento local, sólo se presentan bandas que tocan música original. Nos encantó que estuvieran las nuevas generaciones.

 

      Y la gente del barrio, ¿acoge el proyecto?

      Sí lo acoge, hay gente de toda la ciudad; tenemos gente que viene desde el Valle, desde la Jilo, desde el Granjero, pero también hay muchas personas que viven en el centro y que toda la mañana del domingo las empiezas a ver pasar con sus carritos, sus bicicletas con sus cosas; y pues el centro tiene una población principalmente de adultos mayores, muchos adultos mayores que están con nosotros. Cerca del monumento hay dos asilos y un tiempo nos estuvieron acompañando unas señoras del asilo que está enfrente sobre la Ramón Corona; llevaban sus tejidos y me decían: “es que lo que quiero es estar acompañada, pasar el domingo”; porque cómo es el domingo, muchas personas mayores pasan el domingo solos en su casa viendo la televisión. Siempre tratamos como de crear estas redes. Nos gustaría que estuviera más integrado el barrio pero sí es un espacio que está muy abandonado, ves casas abandonadas en cada cuadra, pero los adultos mayores que están sí nos acompañan. Están los braceros, se manifiestan todos los domingos desde hace 15 años, a las 8 de la mañana y terminan su manifestación a las 10 de la mañana y algunos se quedan.  

 

      ¿Hay algún otro proyecto en el que estés ahorita participando?

      Participo en un colectivo que se llama Desiertos Andantes, tenemos como un año y medio reuniéndonos, todos somos egresados de la Maestría en Planificación y Desarrollo Urbano y siempre estamos al pendiente de lo que sucede en la ciudad, y “con el alma en un hilo” como dicen, con todas las barbaridades que luego hacen. En noviembre de 2015, el Municipio autorizó extender el límite urbano de Ciudad Juárez, y además autorizó la construcción masiva de casas al sur oriente de la ciudad, entonces eso nos molestó mucho; se dice que se extendió el fundo legal, y que van a seguir construyendo casas sin ningún equipamiento, sin infraestructura, que parece que terminan haciendo campos de trabajo forzado; tú vas allá y solo ves maquilas, campo baldío, carreteras y nada más, a veces ni siquiera alumbrado público y ya sabemos todas las consecuencias sociales de todo esto. Entonces estábamos muy indignados, y para ese momento ya iba la generación 15, yo fui la 13ª generación de la Maestría, y decíamos: "bueno, somos los que tenemos el conocimiento técnico, teórico de todo esto y qué estamos haciendo”. Entonces nos juntamos porque queríamos tratar los temas urbanos, mínimo reunirnos y como expertos decir: “oigan, no pueden estar haciendo esto”; porque además quienes toman ese tipo de decisiones no saben absolutamente nada y sabemos que están más bien siguiendo intereses de élites políticas y económicas. Y así nos empezamos a juntar, y a pensar qué podemos hacer, y hasta el momento no sabemos cómo le podemos hacer pero nos seguimos reuniendo y poniendo pequeños granitos de arena. El nombre del colectivo es De Ciertos andantes, es un juego de palabras, como de andantes del desierto, pero también porque nos interesa priorizar el papel del peatón en la ciudad, porque además es una de las características problemáticas de esta ciudad, que está construida para los automóviles. De hecho el fin de semana pasado se organizaron unas caminatas que se llaman Jane´s Walk, que es un movimiento urbano que nace en Canadá en honor a la activista y urbanista Jane Jacobs. Nosotros desde el año pasado lo retomamos y hacemos caminatas con el objetivo de sensibilizar a las personas. Por ejemplo hicimos una que se me hacía impactante, en la Avenida de las Torres; la hicimos el año pasado y decíamos: cruzar la avenida De las Torres es un deporte extremo en esta ciudad. Hay estudios también de profesores que ejercen en la Maestría de Planificación Urbana, que han visto cuáles son los cruceros más peligrosos tanto para los automovilistas como para los peatones; y la avenida De las Torres, en todos sus cruceros, donde cruza con Bulevar Zaragoza, donde cruza con Ramón Rayón y con Libramiento, hay infinidad de accidentes. Entonces nosotros convocamos a reunirnos y caminar ahí para sentir la experiencia y pensar cómo podemos solucionar este problema. Además si te consideran un peatón te consideran como adulto, hombre, con todas tus características físicas normales; no piensan en cómo cruza una viejita, cómo cruzan los niños, vimos ahí por ejemplo a las mamás con la carreola y tres niños y además las bolsas del mandado y dices, es imposible. Cruzas las Torres y luego llegas a un lote baldío enorme, además, si salvaste el primer obstáculo, el primer peligro, vas al segundo, porque tienes que cruzar un lote baldío para llegar a tu colonia. Y luego cruzas esos dos obstáculos, esos dos problemas, sobrevives a los carros, a la inseguridad del lote baldío, llegas a tu colonia donde no hay banquetas, no hay rampas, que pasa si voy en muletas, en silla de ruedas. Entonces, íbamos caminando pero también anotando, cuáles son las problemáticas aquí, porque lo que queremos es proponer soluciones y proponérselas a Desarrollo Urbano, a las autoridades que correspondan pero también instar a la misma población: “Oye, tú vives aquí, vas a esperar que vengan a solucionarte tus problemas o mejor lo hacemos colectivamente…”

 

      Son muchos temas, con la ciudad

      Sí, es un problema muy grande que necesita grandes soluciones y como no es negocio, quién se interesa en poner banquetas y luego cuando ponen las banquetas no ponen las rampas. De eso se trata Desiertos andantes…

 

      A propósito, me llamó la atención una materia que has impartido en la UACJ, la de Competencias para la ciudadanía, ¿de qué va esa materia?

      Hay que tratar temas como democracia, ciudadanía, género, ecología... Está bien padre porque es lo que me gusta. Es tratar los temas, por ejemplo, qué es la democracia, teóricamente la democracia es esto pero para nosotros los ciudadanos... Se trata más bien de instar a los estudiantes y recordarles que somos ciudadanos, que si bien muchos somos conscientes de las problemáticas que están a nuestro alrededor, qué podemos hacer para solucionarlas. Muchas personas piensan que la única obligación, derecho y obligación que tienen con su país es votar, “yo ya voté y me lavo las manos” y todo es culpa del gobierno porque no lo hizo. Y no es así, también existen otras formas de democracia, también podemos organizarnos desde abajo, horizontalmente y proponer soluciones a los problemas. Básicamente es pasártela discutiendo. Cuando hablábamos de género, con ese tema siempre en las clases se pone a la defensiva los chavos, en la clase que doy ahorita por ese tema me dicen feminazi, me entregan trabajos donde me dicen feminazi, se me hace preocupante, y yo les digo: “a ver, ¿las mujeres cuántos campos de concentración han hecho para matar a los hombres?” y entonces se les acaban los argumentos. Pero es preocupante como ves que los argumentos son cosas que ven en facebook o que ven en las novelas… y a veces las mismas mujeres, por ejemplo, me acuerdo mucho de una alumna que  decía: “ser mujer es algo natural y nosotras por naturaleza vamos a usar falda y nos vamos a querer pintar y vamos a hacer femeninas”… Tienes que ver cómo hacer esa discusión, cómo poner ejercicios para, como dicen, ponernos los lentes violetas y empezar a ver todo a nuestro alrededor; si estás viendo un anuncio, por qué siempre aparecen mujeres, mujeres en paños menores, te fijas los roles que siempre van a jugar la mujer... Entonces la clase era eso, leer textos pequeños y discutirlos. Intenté hacerla como muy práctica, preguntarles a los chavos cuáles eran los problemas que veían en su barrio, incluso en el mismo CU, y qué podrían ellos proponer para resolverlo; y entonces como trabajos finales hicieron acciones concretas, no para que no se quede solo en un proyecto de papel. Por ejemplo hubo chavos que proponían a CU, ellos veían que había problemas por el trayecto tan largo, que había muchos accidentes, que no había alumbrado público, que a veces lo que iban en carro tenían desperfectos mecánicos, entonces proponían a la Universidad que tuviera una ambulancia en caso de un accidente, para que no tuviera que venir desde la clínica 66, que tuvieran un mecánico con herramienta mínimo, por si se te queda el carro sin batería que no te quedes ahí solo en medio de la nada; que puedas llamar a la Universidad y que te acompañen. Hubo otros que les importaban los animales de la calle, y entonces se pusieron a hacer una colecta ahí mismo en CU y en sus colonias de comida, iban a hacer unos comedores para perros, porque ya hay una organización en Juárez que lo hace, eligieron una organización y les llevaron la colecta.

 

      De tu trabajo como docente, lo que más disfrutas y lo que menos disfrutas.

      Pues disfruto mucho cuando conozco alumnos que dan lo mejor de sí y que también están interesados por aportar algo a su comunidad y lo que no disfruto es cuando veo lo contrario, cuando veo alumnos que vienen nomas por cumplir, que van y se sientan al salón y no hacen nada, que piensan que asistir a una clase es ir a sentarse y luego no trabajar. Hemos tenido esas discusiones aquí en ICSA, yo les decía: “bueno, ¿por qué están aquí?”,  “pues por un papel, por el título, porque cuando salga quiero tener un buen trabajo y ganar mucho dinero” y yo les decía: bueno, ¿y nuestra comunidad?, estas en una escuela pública ¿cómo vas a devolver lo que te ha dado? Y en esas conversaciones así como me sorprende y me asusta cómo ellos piensan, para mí es muy rico cuando ves que aunque sea en uno logras hacer un cambio. Ayer estaba calificando una alumna que hizo una investigación muy bien hecha, que dio hasta demás y le escribí y le dije que felicidades, que necesitábamos más estudiantes como ella y ella me responde que precisamente esa pregunta que les hice de porqué están aquí, que si por un título o por un trabajo que podrían tener a futuro (que luego lo más triste es que cuando eres estudiante piensas eso y cuando sales a la vida real te das cuenta que era un engaño), o por ayudar a nuestra comunidad; que a ella sí le hizo reflexionar y que se decidió por lo segundo y que me agradecía y entonces todos esos malos momentos en las clases, ese estrés, que a veces tenemos, piensas que vale la pena.

 

      ¿Y cómo se puede hacer para mantener este vínculo con la comunidad?

Yo creo que nunca lo debimos haber perdido, ese vínculo, a mí se me hace difícil pensar que yo no piense en mi barrio, en mi colonia, si he crecido ahí todo el tiempo, será que yo nunca perdí ese vínculo y cuando veo personas que no lo tienen no me lo explico. Cómo podemos ser tan individualistas  y nada más pensar en nuestro desarrollo profesional y no devolverle nada a la comunidad, si ahí vivimos, ahí pasamos todo el tiempo, ahí está la universidad.

 

      ¿Cuál es tu expectativa académica, hacia donde va tu proyecto profesional?

      Precisamente a eso, a fortalecer ese vínculo, yo soy muy criticona y critico mucho a esos académicos que son solo de proyectos en papel o que solamente van a observar la realidad y luego describirla en sus  trabajos. Siempre me ha interesado la investigación acción, desde que estamos estudiando: cómo contribuir al buen vivir, a una vida mejor pero colectiva y comunitaria, no solo crecer yo profesional y académicamente o económicamente, sino todos en conjunto…

 

      ¿Qué dificultades encuentras para que eso suceda?

      Pues esta misma individualidad que tenemos, esta visión de ver la escuela como un crecimiento propio, muchas veces he estado participando en investigaciones en que hay que ir a lugares difíciles y se me quedó muy grabado una pregunta porque una vez estaba en una investigación del doctorado de estudios urbanos y estábamos haciendo trabajo de campo en el CERESO y entonces empezábamos a ver muchas cosas que te parten el corazón, que sales de ahí y sales llorando, sales frustrada, con miedo; entras a un mundo que no conoces y empiezas a entender cómo se relaciona con tu mundo, y yo decía: “qué puedo hacer, estoy viendo esto, estoy conociendo esto, qué puedo hacer”, yo acabada de graduarme de la maestría y se lo preguntaba al doctor que era el encargado de la investigación y él me decía: es que ese no es el trabajo del académico, ese no es nuestro trabajo y se me quedó muy grabado porque no puedo hacer esa des conexión, por más mínimo que sea mi apoyo, creo que sí es el trabajo del académico, porque entonces si como académico me limito a describir o interpretar ese mundo, pues cuándo ese mundo va a cambiar, cuándo llegará la persona que sí es su trabajo cambiar ese mundo, yo creo que es algo que va pegado, no lo debemos separar, se puede y se hace mucho pero no debemos. Por eso me he ido más por la investigación-acción, estas estudiando pero estas transformando y de esa misma transformación, de ese mismo contacto con la realidad estas creando teoría, tus estudios. Yo no me siento a gusto siendo esa observadora externa, nada más.

 

      ¿Qué opinión tienes de esta Universidad, si fueras una estudiante de intercambio que calificación le pondrías?

      No sé, siento que a veces es difícil desprenderte pero te puedo contar mi experiencia, yo estudié una ingeniería trunca y luego la licenciatura, y luego la maestría y ahora doy clases. He pasado casi la mitad de mi vida en la Uni y yo no me di cuenta de lo que era la Uni, hasta que fui de intercambio a otras escuelas y estando allá, me sorprendió el nivel que tenían los alumnos, no solamente académico sino el nivel de discusión que presentaban en las clases; me sorprendió mucho eso porque durante la clase se hacía la discusión y los mismos alumnos incluso cuestionaban al profesor en sus métodos, sus opiniones, y yo creo que esto, al menos en las clases que yo estuve, no sucedía; recuerdo que mis clases eran con un alumnado más apático, que es un círculo vicioso, a veces los profesores son muy tradicionales, entonces la clase no es tan dinámica, puede ser aburrida hasta cierto punto, y los alumnos se comportan pasivamente, no le dicen al profesor: “oiga me está aburriendo, esta no es la forma”. No hay este diálogo ni entre alumnos, ni entre profesores, es lo que yo sentí cuando fui a otras universidades. Me sorprendí, porque yo también soy de las personas serias, como alumna, soy muy seria, siempre estaba como escuchando, como recibiendo la información que se me daba. Me parece que también conocemos poco nuestros derechos y no nos organizamos, vas a otras universidades y ves a los universitarios organizándose para hacer propuestas a la Universidad, para organizar eventos; yo siento que aquí a veces falta mucho eso, propuestas desde la comunidad estudiantil hacia la universidad, si bien aquí hay muchos eventos, hay muchas iniciativas, muchas veces son de parte de los departamentos o de las coordinaciones hacia los alumnos, no tanto organizados por ellos.

 

      Este concepto de comunidad, ¿crees que hay una comunidad  universitaria?

      Sí hay, hay comunidad universitaria pero creo que podría transformarse, ser más propositiva, porque si te reconoces como comunidad universitaria pero creo que podría ser más fuerte el vínculo y las propuestas de esta comunidad.

 

      ¿Qué haces en tu tiempo libre?

      Pues estar en el Monu, andar en bici, cuido gatos, hago composta, hace años que descubrí que me gusta mucho hacer composta y lombricomposta, entonces paso días enteros solamente en estar separando las lombrices de la tierra. Soy muy mala con las plantas, todo lo que siembro se muere, si transplanto una planta se muere, luego se ríen de mi porque sembré una piña y nació un tomate, siembro una papa y sale un chile; es por la misma composta porque ahí germinan cosas, me han germinado mangos, aguacates, claro que crecen poco porque no aguantan estos climas.

 

      ¿Cuál fue el último libro de ficción que te gustó?

      Tenía mucho que no leía ficción porque cuando anda uno acá en la academia lees puros libros técnicos o teóricos, leí Un mundo feliz de Huxley, llegó a mis manos de casualidad y es de esos que en tres días te lo tienes que acabar, no puedes dejarlo.

 

      Y el último libro de no ficción que te aportó algo?

      La venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, me lo dieron en préstamo de "léelo y regrésalo" en el Monu y sí, es de esos libros que todos tenemos que leer para entender el mundo en que vivimos, pero te hace entender muchas cosas que quedas como triste, impotente.

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